

Graduada con doble certificación AYANA YOGA IYB- 200 | SEP CONOCER
Tomar el curso de certificación en Ayana Yoga ha sido una de las experiencias más enriquecedoras y retadoras de mi vida. Durante un año de formación constante, no solo adquirimos las herramientas necesarias para enseñar yoga, sino que también vivimos un proceso profundo de crecimiento personal.
El ambiente del grupo fue siempre muy agradable, lleno de compañerismo y respeto. Se creó una comunidad de apoyo donde cada una de las alumnas mostramos un gran compromiso y disciplina, cumpliendo con las prácticas y tareas que el curso requería.
La guía de nuestra maestra fue fundamental, fue profesional en cada sesión, siempre inspiradora y con una energía que nos motivaba a salir adelante, incluso cuando el camino se sentía desafiante.
En lo personal, fue un verdadero reto, pero también una prueba de que cuando amas lo que haces, encuentras la forma de continuar, crecer y lograr tus metas. Hoy, con orgullo, puedo decir que cuento con una certificación para compartir el yoga con otras personas, y eso no habría sido posible sin este hermoso recorrido por Ayana Yoga.
El examen de certificación del curso impartido en Ayana Yoga representó una etapa culminante y significativa dentro del proceso formativo. Tras un año de preparación, llegó el momento de poner en práctica tod lo aprendido, lo que generó en muchas de nosotras una mezcla intensa de emociones, desde nerviosismo y ansiedad hasta una profunda determinación por dar lo mejor.
Previo al examen, se nos otorgó un periodo de preparación que nos permitió repasar contenidos teóricos y diseñar la clase que impartiríamos como parte de la práctica profesional. No obstante, presentamos muchos retos personales y logísticos, desde conseguir a las alumnas para la práctica final, hasta procurar un ambiente adecuado para la sesión. En mi caso, hubo un momento en que pensé que no podría presentar mi clase, ya que algunas alumnas cancelaban su asistencia el mismo día. Sin embargo, gracias a la empatía de la profesora la clase pudo llevarse a cabo.
Estuvo presente el miedo a olvidar la secuencia de la clase o a que algo no saliera según lo planeado, pero también estuvo la certeza de que, durante el curso, habíamos adquirido las herramientas necesarias para afrontar ese momento. La formación que recibimos nos brindó la seguridad y confianza en nuestra capacidad para impartir una clase.
El examen no fue solo una prueba de conocimientos, sino también un ejercicio de entrega, enfoque y convicción. Y a pesar del desafío, fue profundamente gratificante comprobar que todo el esfuerzo invertido a lo largo del año nos llevó a convertirnos en instructoras de yoga con responsabilidad y consciencia.
Graduada con doble certificación AYANA YOGA IYB- 200 | SEP CONOCER
Fue todo un reto, sin embargo creo que llegó en el momento indicado a mi vida. De manera inicial fue emocionante y sorprendente porque no entendía nada del sancrito y eso me hacía sentir insegura.
Pero conforme fue transcurriendo el tiempo me familiarice con cada uno de los términos. En el tema del trabajo estudiantil (tareas) en lo personal siempre he disfrutado hacerlas y creo firmemente que es indispensable para reafirmar conocimiento.
Sin duda hay un antes y un después en mi persona con respecto a las asanas desde como entrar-sostener-salir ya que cada movimiento iba acompañado de una conciencia nueva adquirida dentro del plan de trabajo de la certificación y términos como “la función sobre la forma” y “energía muscular” se me quedaron tatuados en mi conciencia.
Quiero denotar que note un gran cambio físico pero sobre todo un cambio en el flujo de energía con la práctica constante. Como todo dentro del universo siempre viene acompañado de su dualidad ya que hubo momentos oscuros en los cuales creí no lograrlo hacer o no me creí capaz, sin embargo el refugiarme desde la filosofía del yoga me ayudó a poder afrontar correctamente esas vicisitudes. Lo que me llevó es el reconocer mi humanidad, ser más compasiva conmigo misma y el gran valor de saber que tengo la capacidad de aprender cosas nuevas que llenan mi alma y contribuyen a mi alrededor.


Graduada con doble certificación AYANA YOGA IYB- 200 | SEP CONOCER
Mi experiencia en la formación de Ayana fue un proceso enriquecedor tanto en el aspecto físico como en el mental y en el descubrimiento de la espiritualidad. Las enseñanzas recibidas funcionaron como una base sólida para entender los diversos aspectos que conforman el yoga, así como para profundizar en cada uno de ellos y también para desarrollar la práctica personal. A partir de la formación, el yoga complementa mi bienestar en los momentos buenos y funciona como un refugio en los momentos difíciles.
El proceso de certificación fue llevado conforme a los tiempos estipulados y me sentí acompañada y asesorada en cada uno de los pasos requeridos.
Graduada con doble certificación AYANA YOGA IYB- 200 | SEP CONOCER
Cuando inicié la práctica de yoga fue por curiosidad ya que dos amigas cercanas me hablaban de sus prácticas y las veía “bien”, en realidad nunca em contaron mucho sobre su sentir, ni siquiera de lo que se trataba, pero sembraron la curiosidad en mí. Un día estaba en mi casa trabajando como siempre, después de horas de estar sentada frente a la computadora y llegó a mi mente el pensamiento: “Dices que quieres hacer yoga y nunca has buscado opciones de lugares para hacerlo”, en ese momento tomé mi teléfono y en Google busqué “lugares para hacer yoga cerca de mí” y así fue como encontré a AYANA YOGA MÉXICO. Esto sucedió un sábado de mayo de 2022, el martes siguiente acudí a la primer clase de yoga y el estilo que me tocó fue Restaurativo y enseguida noté cambios, me sentí mejor, evidentemente era lo que necesitaba por años de trabajar sentada y llevar una vida sedentaria, al día siguiente conocí el estilo Hata Yoga y me sentí bastante bien, a pesar de haber sido retadora, me gustó mucho. De esta forma fue que inicie el camino de la práctica de yoga, pero yo sabía que había más y sobre todo, mucho más que aprender y así, un año después, mi maestra Rebeca Aguirre, lanzó la convocatoria para la formación de SEP-CONOCER para ser profesores de yoga; y por supuesto, me apunté para hacer la entrevista y descubrir si era candidata, tenía temor de no ser aceptada, pero si me aceptó y fue lo mejor que me ha sucedido en los últimos años.
Tomar la formación me ayudó a entender lo que sentía en mi práctica diaria, y descubrir porque todo eso se veía reflejado en mi actuar diario con mi familia, mi trabajo y conmigo misma; empecé a encontrar respuestas que venía buscando desde hacía mucho tiempo. Durante la formación, me tocó vivir una separación sentimental, y fue sorprendente para mí misma, la fortaleza que sentía, en ningún momento dudé, sabía que era lo que quería y necesitaba y sobre todo, nunca me sentí sola. Fue bastante satisfactorio observarme en mi práctica analizando mi interior y confirmando mi decisión, terminando prácticas con mucha paz y plenitud en mi interior. También fue sorprendente que en los momentos que me sentía triste, llegaban a mí, lecturas de la formación que me llevaban a analizar y entender lo que sentía en ese momento, y mejoraba mi estado de animo muy rápido.
Por estas razones, confirmo que, tomar la formación fue la mejor inversión que pude hacer en mí y que se ha visto reflejado en varios ámbitos de mi vida. Y sé que este camino apenas empieza, y con mucho gusto estoy dispuesta a seguir en este aprendiendo y creciendo y a ayudar y apoyar a más personas que como yo, quieran aprender a vivir mejor.
Agradezco tanto a AYANA YOGA MÉXICO y en particular a mi profesora Rebeca Aguirre León, quien me ha enseñado este camino del yoga, a sentirlo, a entender que no es la postura, a que lo que importa es la función y no la forma, y sobre todo, a viajar a mi interior, a conocerme más a través de la práctica, pues como ella lo dice: “Para todo mal, practica yoga y para todo bien, practica yoga”
Con mucho cariño y agradecimiento: Victoria Rojas, orgullosa alumna de la primera generación de la Formación IYB-200 de Ayana Yoga México.


Graduada con doble certificación AYANA YOGA IYB- 200 | SEP CONOCER
La decisión de certificarme como instructora de yoga fue un parteaguas en mi vida, y firmemente puedo decir que muchas cosas se transformaron en mí desde ese momento.
Conocer el yoga a mayor profundidad, desde la filosofía que lo sustenta hasta la práctica constante me ha permitido acercarme a esta práctica desde una perspectiva completamente diferente, entendiendo que el yoga es parte de una forma de vida y la búsqueda por encontrar y hacer manifiesto aquello que va más allá de lo visible y medible.
La certificación fue un gran reto personal; por una parte regresar a la modalidad escolar de tareas, exámenes, trabajo y poder conciliar todo esto con los tiempos laborales y demás ámbitos de la vida adulta no es sencillo. Sin embargo, los retos alcanzados son una satisfacción mucho más grande que lo que podemos imaginar en un inicio.
La maestra Rebeca Aguirre posee amplia experiencia, conocimiento y práctica del yoga, pero lo más importante para mí es que ella transmite el amor y la pasión por el yoga. Esa perspectiva de amar tu profesión y la vez prestar un servicio a la gente, ayuda a entender que estar frente a un grupo es una gran responsabilidad; como tal, es menester prepararse y ejercer la enseñanza del yoga de una manera responsable, ética y comprometida consigo misma y con las demás personas.
A partir de lo aprendido pude construir mi propia visión sobre el el yoga, y ahora puedo afirmar -desde mi perspectiva-, que el yoga se trata de mover y transformar el espíritu encarnado en el cuerpo, una búsqueda por construir salud y bienestar personal, pero también colectiva, incluyendo todos los seres sintientes de este Universo.
Otro de los regalos más grandes durante la formación fue el conocer y coincidir con mujeres maravillosas que tuve como compañeras y que hoy se han convertido en amigas y parte importante de mi vida. Gracias a ellas, a su compañía y a su presencia pude asimilar de manera más amable y fluida que el yoga es amor, unión y acompañamiento respetuoso, sororo y amoroso.
Puedo afirmar sin lugar a dudas, que ser parte de la formación en Ayana Yoga ha sido un regalo y un paso muy importante en mi vida; que soy una persona que se transformó a partir de tomar la formación, y una persona que se sigue transformando con el yoga como una parte imprescindible en mi camino de vida.
La experiencia fue buena. La maestra nos brindó explicación sobre la metodología que seguiríamos en el examen, resolvió las dudas que se presentaron en tiempo y forma.
Durante la presentación del examen estuvo atenta en todo momento a los detalles y nos informó de cómo sería el proceso.
La entrega del certificado fue en tiempo y forma, añadiendo el detalle de que una vez que todas las personas que presentamos el examen recibimos el certificado, tuvimos un emotivo cierre para dar por concluido todo el proceso.